El Tecnologico UTN

Derribar drones comerciales, un caro reto para los ejércitos


Posteado el 20.03.2017


Los drones son uno de los dispositivos tecnológicos más de moda. A todo el mundo le gusta teledirigir coches, así que poder hacer lo propio con un pequeño avión, desde el teléfono móvil, sin dejarse demasiado dinero y pudiendo, si el cacharro lo permite, hasta grabar vídeo en altísima definición es una combinación ganadora.

Sin embargo, tener un pequeño avión que graba vídeo y que se maneja a mucha distancia es un problema para el mundo de lo militar. Uno de los casos más recientes de cómo los drones son un problema lo ha contado el general David Perkins, comandante del TRADOC (el comando de entrenamiento y doctrina del ejército estadounidense) .

Según contó en un simposio de la asociación Global Force, un aliado de EEUU (no han dicho qué país) empleó un misil Patriot para derribar un dron. Si esto suena exagerado, las cifras en torno a esta operación lo son todavía más: se gastó un misil de 3,4 millones de dólares (algo más de 3 millones de euros) para acabar con un dron de 200 dólares (185 euros).

Mataron una mosca de un cañonazo, literalmente.

Resulta que los ejércitos del mundo no están preparado para lidiar con productos como los drones. O mejor dicho, pueden hacerlo, pero la escala de su respuesta no es proporcional a la amenaza que suponen. El Estado Islámico ya ha usado estos drones para atacar objetivos militares en 2016.

Estos atentados son los que, en parte, ha empujado a los grandes ejércitos del mundo a financiar proyectos de desarrollo de medidas contra drones. El más destacado, por el tamaño del ejército al que sirve, quizá sea el de DARPA, que en 2016 abrió una fase inicial de su plan Mobile Force Protection para conocer qué tenían que ofrecer los contratistas militares en este campo. En total, 63 millones de dólares (57 millones de euros) para abrir boca y encontrar algo efectivo.

Hay muchas soluciones en desarrollo para lidiar con el problema, pero ninguna definitiva ni tan efictiva como un misilazo. Una de las tecnologías más prometedoras ya ha dado resultados en el pasado: los láseres. El ejército de EEUU ya quemó un dron en 1973 con un rayo láser, pero actualmente hay formas más efectivas de hacerlo, y también más baratas. En apenas tres segundos,un láser desarrollado en Alemania puede acabar con drones comerciales.

También hay armas pensadas para acabar con drones. El DronDefender es un rifle desarrollado por Battelle que incapacita las señales de radiocontrol por las que se manejan los drones y que los hace caer desde el cielo, algo quizá más efectivo que destruirlo, pues se pueden examinar los restos para saber qué buscaban o desde dónde se manejaba.

Pero este rifle es un prototipo. El arma que ya se está usando para derribar drones es una fiable escopeta que el ejército del aire de EEUU ya tiene en su poder. Los cartuchos que dispara esta escopeta lanzan una carga que lleva dentro una red, la cual se despliega una vez en el aire y a la distancia adecuada para atrapar el dron y derribarlo, ya que sus aspas quedan bloqueadas.

Los hackers de medio mundo también están desarrollando sistemas para tumbar drones, aunque por supuesto, esto no siempre es lo que más beneficia al mundo militar. Aún así, su trabajo ilustra otras formas más asequibles de incapacitar y hasta arrebatar el control de uno de estos vehículos.

A su vez, se están creando drones para acabar con drones, que parece casi la forma lógica de hacerlo. Rapere tiene un dron capaz de interferir con los sensores de otro dron enemigo para inhabilitarlo, de modo que caiga al suelo y quede destruido.

Sin embargo, pese a las múltiples opciones y puntos de vista para solucionar el problema, no parece haber una solución todavía: todo esto son experimentos, a excepción de la escopeta que dispara redes, que por desgracia no tiene suficiente alcance para usarlo en un entorno hostil o fuera de ciudades.

El uso de drones comerciales está siendo duramente regulado, en parte porque es algo peligroso si no se maneja el vehículo bien, pero también porque actuar contra algo tan pequeño, que se mueve a tanta velocidad y que permite grabar vídeo y comunicarse con un dispositivo a varios cientos de metros de distancia es un gran problema para las autoridades de medio mundo.

FUENTE: EL MUNDO 

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